Jueves 20 de abril de 2006, por Administrador (actualizado el 19 de junio de 2008)
Los educadores y educadoras del Movimiento Junior de Acción Católica de la diócesis de Granada, desde nuestro compromiso en la evangelización del mundo infantil, ante la cercanía de la celebración de las “primeras comuniones”, queremos ofrecer a la comunidad eclesial una reflexión sobre esta realidad.
1.- VEMOS...
- En nuestra sociedad muchos niños y niñas “hacen la primera comunión”. Sin embargo, pocos continúan luego el proceso de crecimiento en la fe. Para algunos es su “primera” y “única”.
- En las familias de muchos de estos niños no se viven la fe y el seguimiento de Jesús, ni el ser cristiano tiene repercusión sobre sus actitudes, opciones, compromisos,... en la vida.
- En la celebración de las “primeras comuniones” están ausentes el protagonismo y la experiencia creyente, tanto de los propios niños y niñas como de la comunidad cristiana que los acoge.
- Hay un evidente negocio económico y de prestigio social montado en torno a las “primeras comuniones” que dista mucho del mensaje evangélico y de sus exigencias.
2.- CREEMOS...
- Se da una verdadera celebración de los sacramentos cuando los participantes se sienten interpelados y concernidos por el mensaje de la Buena Noticia; cuando la experiencia de Dios nos llama a un encuentro personal con Jesucristo; cuando este encuentro nos invita a la conversión y a participar en la construcción del Reinado de Dios Padre. Sólo cuando estas experiencias son vividas de alguna manera podemos asegurar que se celebra el culto que Dios quiere y como Dios quiere.
- En la Iglesia no podemos desligar la celebración de la fe de las exigencias de compromiso por la justicia y la construcción de un mundo mejor.
- No se da verdadero protagonismo de los seglares, entre ellos los niños y niñas, si no se les da también en lo que tiene la comunidad cristiana de más vital: la celebración de los sacramentos, especialmente la eucaristía.
- La celebración de la “primera comunión” es un paso de incorporación a la comunidad cristiana y al seguimiento de Jesús. Esa incorporación debe realizarse como parte de un proceso que luego continuará madurando en el seno de una comunidad o grupo de referencia comprometidos en su realidad y en sus ambientes.
3.- PROPONEMOS...
- En las parroquias y comunidades cristianas deben promoverse espacios de formación y diálogo sobre la celebración de los sacramentos.
- Se deben ofrecer y potenciar procesos continuados de crecimiento en la fe y en el seguimiento de Jesús.
- Aquellas familias que no son creyentes, o que en su vida el Evangelio de Jesús de Nazaret y sus exigencias no significan nada, por favor, sean coherentes; no pasa nada porque sus hijos no hagan la primera comunión. Quienes creen deben exigir una forma de incorporación de los niños y niñas a la eucaristía de la comunidad coherente con su verdadero significado.
- Los niños y niñas, como apóstoles, como seglares que también son, han de tomar protagonismo sobre estos asuntos.
- Nuestros obispos, sacerdotes, parroquias, movimientos y comunidades tienen que denunciar el negocio de la “primeras comuniones” como contrario al Evangelio de Jesucristo.
- Entre todos tenemos que devolver a este sacramento su autenticidad evangélica, al tiempo que vamos creando formas diferentes y alternativas en su celebración.